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sábado, 4 de agosto de 2012

Anti-versarios

Podríamos decir que se me pasó. Pero no. Si bien escribo esto cuatro días después, la fecha está clavada en mi memoria: 31 de julio. Ese día, hace diez años (qué manía que tenemos con los números redondos, carajo) abandonaba Ezeiza con pasaje de ida a Chicago, para volver a Buenos Aires solamente de visita. Desde hace diez años, el 31 de julio ¿celebro? (conmemoro, más bien) la partida.

No podría decir que es para siempre, pero es altamente improbable que regrese a vivir a Buenos Aires. Tras dos años transitorios en Iowa City, caí cual paracaidista (casi literalmente, tras una tormenta espantosa que por poco voltea el avión) en Boise, Idaho.

Si bien la mudanza de Iowa a Idaho comprometió menos desgaste emocional que el viaje anterior de Buenos Aires a Iowa City (no hubo familia ni amigos de quienes despedirse), fue sin embargo mucho más dura, porque fue comenzar a vislumbrar la cuasi certeza de que ya no volvería a vivir en Buenos Aires nunca más.

Tras un año de profunda depresión, en el que prácticamente me alimenté a base de Coca Cola dietética y lechuga con vinagre de frambuesas, logré encontrar mi norte (y el hambre), gracias a una serie de casualidades que no voy a repetir (y que pueden encontrar en esta publicación), y que me fueron llevando hacia el buen lugar en el que estoy en este momento.

Y este momento es otro momento de cambios, en el que decidí retomar mis estudios universitarios para recibirme, de una buena vez, de Licenciada en Letras (o de B.A. in Spanish, en su versión en inglés).

Si alguien me hubiera dicho, ese 31 de julio de 2002, que diez años más tarde me encontraría feliz, con mis dos hijas, ganándome la vida con mi sempiterna pasión por los idiomas, y en una casita amarilla con un jardín, me le habría reído en la cara. El 31 de julio de 2012, me río porque la realidad, cual noticia amarilla, supera a la ficción.

jueves, 27 de octubre de 2011

Serendipity

¿Qué quiere decir "serendipity"? Según mi eterno compañero de aventuras, alias el diccionario, "serendipity" es (y traduzco) "la ocurrencia y desarrollo de eventos por casualidad, de un modo agradable o beneficioso". También, según el diccionario, su origen se remonta al año 1754, en el que Sir Horace Walpole escribió Los Tres Príncipes de Serendip, un cuento de hadas en el que los protagonistas "siempre descubrían, por accidente o por sagacidad, cosas que no estaban buscando". Algunos sugieren traducirlo como "serendipia", pero a mí me suena asqueroso, así que lo dejo tal cual, en inglés.

Esta mañana, mediante lo que podría entonces denominarse "serendipity", descubrí el misterio de qué hacer cuando se está intentando separar las claras de las yemas, y una de las yemas agarra, la muy puta, y se rompe y se mezcla con la clara. ¿Es posible separarlas en ese punto? La solución se me apareció, tan simple como profunda, por obra de "serendipity": hay que joderse.

lunes, 3 de octubre de 2011

El frío, la Real Academia y los pichones

Se me ocurre una frase que quiero decir, pero tengo dudas sobre la existencia de una palabra. ¿Cómo saber si existe tal palabra? Desde el segundo en que el diccionario de la computadora me la subraya con rojo, sospecho que no. De todos modos, lo intento y busco en el Diccionario de la Real Academia Española (todo con mayúscula, no sea cuestión de ofender a ninguno) y tampoco aparece. Hago una búsqueda en Google (que viene a ser Dios, pero siempre después del DRAE) y me da "0 resultados" y me propone más bien otra palabra que se escribe ligeramente diferente, y que es en portugués, y que en realidad no tiene nada que ver. Mi método científico es breve y conciso, aquí termina mi búsqueda, y con resultados más que excelentes: acabo de inventar el verbo "apichonar".

¿Qué es "apichonar"? Es obvio que proviene de "pichón", palabra que, como lo sabe todo hijo de vecino, quiere decir (y cito al DRAE)

(Del it. picciōne, y este del lat. pipĭo, -ōnis).
1. m. Pollo de la paloma casera.
2. m. afect. coloq. Persona del sexo masculino.

De lo cual se deduce (con el mismo método científico que apliqué anteriormente) que si mezclamos la acepción 1 con la 2, nos queda la definición de un hombre polludo. O pollerudo. O sea, cagón. Que eso sí que existe (no veo rayitas rojas subrayándome nada) y sabemos muy bien qué es. Si se olvidaron, pueden proceder al DRAE, e ir directamente a la segunda acepción (salteándose la de exonerar el vientre muchas veces): "Dicho de una persona: muy medrosa y cobarde".

El contexto de mi nuevo verbo, "apichonar", es el frío del invierno que se acerca inevitablemente, como todos los otoños. Y lo que quería escribir desde hace cuatro párrafos y no podía hasta ahora (en que dejé bien asentada no sólo la existencia, sino también el significado de mi palabra) es que EL FRÍO NO ME APICHONA.

El frío no me apichona. Este año, decidí que ya no le tengo más miedo, y que no me voy a enojar cuando llegue (que, por lo que sospecho, será pronto).

martes, 17 de abril de 2007

Amenazame y llamame Yénifer

Sandra me envió este artículo de Jorge Ramos Ávalos, La Amenaza del Español, y de más está decir que me encantó.
Es breve, hagan click, lean tranquilos.
De nada.

martes, 10 de abril de 2007

Nueva palabra del día

Marionberry (Rubus ursinus): es una mora (blackberry) originaria de Oregon, a la que le pusieron Marionberry en alusión al condado de Marion. La llaman la "cabernet" de las moras, por su sabor "complejo, rico, a tierra" (??)
Nada, que vi un scon con marionberries en la heladera/vitrina del café en el que paro habitualmente, y me dio curiosidad saber qué eran las berries esas.

¿Traducción? Se me ocurre "moras de Marion". O "Marionetas", qué sé yo...