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jueves, 3 de noviembre de 2011

La espuma del café

En Argentina, es común leer en los titulares de los diarios que tal o cual causa "volvió a fojas cero". De algo similar se trata cuando un juez declara un juicio nulo ("mistrial") en Estados Unidos. Por diferentes motivos (muchas veces relacionados con la imposibilidad de asegurar que el jurado sea imparcial), el juez resuelve que la causa no puede seguir avanzando y declara el juicio nulo, para alegría de unos pocos, enfado de unos cuantos, y desconcierto y conmoción general en la sala.

Y es, exactamente, lo que a veces ocurre en alguna de las causas para las que me toca interpretar en el tribunal. Tras argumentos de los abogados, y un prolongado y concienzudo voir dire (el interrogatorio para elegir a los miembros del jurado, o para cuestionar su idoneidad durante el juicio), el juez resuelve declarar el juicio nulo; a veces, tras varios días de presentación de pruebas. Taza, taza, cada uno a casa, a elegir un nuevo jurado en un par de semanas, o tal vez en un par de meses, y a volver a empezar...

No debe resultarle fácil a un juez una decisión de este tipo. Muchos recursos, mucho tiempo, mucho dinero, muchas expectativas de una inmensa cantidad de personas están invertidos en un procedimiento de tal calibre, y la declaración de un juicio nulo no es algo que ningún juez puede tomarse a la ligera.

Cuando eso ocurre, resulta fácil caer en la sensación de globo pinchado, en la desilusión de dar marcha atrás para arrancar de nuevo; casi, casi como si nada hubiera sucedido.

Sin embargo, tras el impacto inicial, llega la reflexión y la aceptación de que la justicia no siempre se ve cuando "se hace", sino que aparece algo después, clara como el agua, tras haber juntado los bártulos, haber bajado los seis pisos en ascensor, haber subido al coche, y haber terminado en un antro de perdición como el Flying M, en donde siempre asoma, contundente, la justicia de un café fuerte con mucha espuma.

martes, 18 de marzo de 2008

Esperando...

... que el jurado llegue a un veredicto unánime (se ve que les cuesta, porque están ahí desde el viernes al mediodía, y nada), me tomo un cafecito y trato de actualizar mi mate-con-güiski, pero yo también, como el jurado: nada.

viernes, 27 de abril de 2007

Si no fuera adicta a la cafeína, no me pasarían estas cosas, supongo

Hoy se hizo espantosa realidad la fantasía que suelo tener de vez en cuando, al entrar a un baño público. Porque muchas veces, sin saber por qué, me imagino en esta situación, y es algo así como que tengo ya lista la frase en mi cabeza, por si algún día me toca decirla.

Cuestión que entré a un café (al que nunca fui antes en mi vida, ciertos trámites hicieron que me encontrara en la parte oeste de la ciudad), en busca de mi dosis diaria de cafeína. Antes de hacer mi pedido, fui al baño, pero ni bien entré y vi el bulto en el piso, tuve que salir a buscar a algún/a dependiente para declamarle la frase que siempre practico mentalmente al entrar a un baño, imaginándome que me va a ocurrir esto.

“Disculpame, pero adentro del baño hay una persona muerta – creo, me parece, no sé”, le dije a la cajera, quien ipso facto llamó al 911. La persona en cuestión (si bien era el baño de mujeres, nunca se sabe) resultó ser una señora, de unos cincuenta años para más datos, que, muy a pesar de mis fantasías perversas, no estaba muerta, sino desmayada.

Cuando, finalmente, se fue en la ambulancia, y se fueron los bomberos, y el café volvió a la tranquilidad que lo envolvía previamente a mi visita al baño, me sentí autorizada a pedir un sixteen-ounce-triple-shot-skinny-capuccino. Le saqué la tapita plástica para revolver el contenido, y cuando la iba a poner otra vez sobre el vaso, me pareció leer, en letras de espuma que se desvanecieron tan rápidamente como se habían formado, la frase “Siga Participando”.