sábado, 7 de abril de 2007

De cuando García Márquez escribía bien y no estaba gagá

Tras mi fracasado intento de lectura de Memoria de mis Putas Tristes (un espanto de libro, lamentablemente), me había olvidado de lo buen escritor que era Gabriel García Márquez cuando era un buen escritor.

Ahí les va un fragmento del prólogo a sus Doce Cuentos Peregrinos, fragmento que yo había copiado a mano y pinchado en la pared en mi dormitorio en la casa de mis viejos.

"Soñé que asistía a mi propio entierro, a pie, caminando entre un grupo de amigos vestidos de luto solemne, pero con un ánimo de fiesta. Todos parecíamos dichosos de estar juntos. Y yo más que nadie, por aquella grata oportunidad que me daba la muerte para estar con mis amigos de América Latina, los más antiguos, los más queridos, los que no veía desde hacía más tiempo. Al final de la ceremonia, cuando empezaron a irse, yo intenté acompañarlos, pero uno de ellos me hizo ver con una severidad terminante que para mí se había acabado la fiesta. «Eres el único que no puede irse», me dijo. Sólo entonces comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos." (Cartagena de Indias, abril de 1992)